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LA POBREZA 

Es un mecanismo de defensa de patrones mentales que están en el inconsciente; esta consigna si bien se podría estar notando en el aspecto material sin dudas también se expresa en los demás mundos.

En el mundo emocional generalmente siente que no lo quieren, tiene sensaciones de soledad, de abandono, por esto es demandante con sus afectos.

Es como si nunca le alcanzara lo que le dicen o le dan como muestra de cariño, sobre todo cuando se trata de las personas más allegadas. En su interior nunca cree demasiado en cuanto lo quieren. En el mundo mental el patrón predominante es la desvalorización, juega en su interior con una constante sensación de “no sirvo” o “no puedo”. Por esto activa, a veces, juegos muy fuertes de exigencia y de auto-exigencia.

Nunca tiene en cuenta su esfuerzo ni su sacrificio.

No repara en los límites de su cuerpo físico y a la hora de hacer valer su trabajo es posible que no sepa cobrarlo.

Se rodea de personas exigentes, por lo cual vive exigido al máximo en todas sus áreas. Como es imposible que pueda cumplir con todos los compromisos que tiene, sacrifica todo lo que debe hacer por sí mismo.

Esto hace que cada vez se desvalorice más, porque estas actitudes funcionan como una suerte de auto-castigo, que generan a la vez que alimentan los “no me merezco”.

Es una sumatoria de conductas sin fin que se retroalimentan a sí mismas.

Llega a convencerse de que nada bueno le puede pasar, o que “lo bueno dura poco” con lo que genera vivir siempre en una larga lista de carencias a las que determina como normales.

A partir de esta consigna se asegura desde el inconsciente vivir en la pobreza.

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